Humedad en Muros y Paredes

humedad en paredes

Cuando hablamos de humedades en muros y paredes rápidamente nos vienen a la mente los típicos problemas de humedades que tienen las paredes y los muros de los sótanos, en especial las filtraciones de agua desde el exterior, ya que son el tipo de humedades que más fácilmente se identifican y las que generan más rápidamente efectos secundarios.

Pero las humedades en muros y paredes no son exclusivas de sótanos, si no que se pueden producir en multitud de estancias de nuestra vivienda, desde baños a salones, pasando por dormitorios, garajes y cocinas, por lo que primero de todo hay que conocer las posibles causas de las humedades en paredes y muros para poder solucionarlas posteriormente de forma satisfactoria.

¿A qué se debe la Humedad en Muros y Paredes?

Las humedades en paredes y muros interiores se pueden deber a tres distintas causas: por condensación del agua contenida en el ambiente interior, por capilaridad desde el terreno, y por filtraciones desde el exterior.

Las humedades por condensaciones en paredes y muros se suelen deber a un aislamiento térmico insuficiente de los mismos o de elementos situados en ellos (puertas y ventanas), que hacen que las paredes estén lo suficientemente frías para que el aire que está en contacto con ellas no sea capaz de sostener en su seno más agua y empiece a depositarse en el paramento interno de dicha pared o muro. Además, este efecto se suele producir más fuertemente cerca de ventanas y puertas, debido a que son lugares por los que se puede filtrar el aire externo y que es habitual hacerlas en aluminio (los metales son muy buenos conductores térmicos) por lo que es fácil que en la zona de contacto entre estos elementos y la pared aparezcan manchas debidas a la presencia de agua condensada en puertas y ventanas.

Por otro lado, tenemos las humedades por capilaridad, debidas fundamentalmente a que los materiales de construcción que se han utilizado para levantar nuestra vivienda tienen pequeñas imperfecciones superficiales en forma de poros, y dichos poros son extremadamente atractivos para el agua, haciendo que parte de ésta, deje de seguir el camino preferente (seguir en el terreno, circular por un tubo, …) y circule a través de materiales que a primera vista parecen impermeables. Este efecto de la capilaridad de los materiales se nota sobre todo en las paredes y muros que están directamente en contacto con el terreno, ya que, dependiendo de la porosidad de las mismas, puede hacer que el agua ascienda a través de las mismas hasta llegar a alturas importantes, pudiendo sobrepasar fácilmente 1 metro ó 1,5 metros de altura.

En último lugar, las filtraciones de agua desde el exterior o desde elementos como tuberías, debidas a defectos de acabados y agrietamientos sobre todo, que hacen que el agua encuentre más fácil seguir el camino de dichas imperfecciones y acabe entrando hacia el interior de las viviendas, causando daños de bastante importancia, como pequeños encharcamientos, manchas varias, desconchones de pintura, …